Hoy, viernes 8 de abril de 2011, a las 20'00 h. se inaugura la exposición colectiva "Miedos culturales, fobias sociales" en la Casa de Cultura de Vitoria - Gasteiz, dentro del “Proyecto Amarika”.
Esta es una exposición colectiva comisariada por Ricardo San Segundo y en la que participan las artistas Ana Díaz de Espada, Seila Rey, Estíbaliz Saez de Asteasu y Miriam Isasi.
La exposición está compuesta por la obra de cuatro autoras unidas por el género, la edad (la generación de los 80) y su condición de ciudadanas de este tiempo.
Una de las piezas de la muestra es "Escenarios simbólicos" de la artista Miriam Isasi. Y sobre este trabajo el experto en semiótica Rubén Díaz de Corcuera hace un interesantísimo análisis en su blog "El estado del arte". A continuación transcribo sus reflexiones.
"El juego de los errores: “Escenario simbólico”, de Miriam Isasi (2011)".
Nadie mínimamente informado debería llamarse a engaño. El objeto de esta fotografía no es el ominoso escenario de los comunicados de la organización terrorista ETA. El objeto de esta fotografía es una representación, y sólo eso, de dicho escenario, producida además en el extraordinario contexto del arte.
Cabe añadir que se trata de una representación tan sólo medianamente realista. Una representación alterada e incompleta.
Procediendo al detalle, como en el juego de los errores: la enseña de la izquierda no es una ikurriña, son unos polígonos irregulares de tela verde y blanca, adheridos a otra tela de color rojo; la primera bandera de la derecha no es un "arrano beltza", es una abstracción compuesta de una informe mancha negra sobre un fondo amarillo; la tercera bandera no es la de Navarra, son unos garabatos de intenso dorado sobre un fondo rojo; del logotipo de ETA sólo queda su fondo, ¿y qué es un fondo sin su figura? una pintura abstracta; y, por último, ¿quién atribuirá la cabal representación del escudo de Euskal Herria (el de los seis territorios), a la imagen que se adivina en una fotocopia en tela de una fotocopia de una fotocopia?
Representaciones, por tanto, de naturaleza icónica. Es decir, parciales, defectuosas. De un objeto perfectamente reconocible, al menos en nuestro contexto, el escenario de los comunicados de ETA. Al que postulamos en su lejanía absoluta, completo y sin error. Perfecto pero en su perfección (o en su imperfección) de cosa dándose a sí y sólo a sí misma, en su integridad de objeto o conjunto de objetos, original y único. O, en otras palabras, en su aura.
Materialización de un recuerdo visual. Trabajada encarnación de un espectro. Incorporación al tangible ámbito de la denotación de un nuevo objeto, a instancia de un significante intangible, mental e interno. Proceso en el cual parece que se han reproducido hasta las fallas de la memoria, hasta las imperfecciones del registro humano. Lo que me lleva a pensar, por un momento, que el objeto de este escenario sea acaso mi vago recuerdo de una fotografía del primero, como el objeto de mi recuerdo puede acabar siendo este mismo escenario.
Pero ¿cuál sería la denotación, digamos genuina, del recuerdo actualmente en acto? En un plano ideal, mi recuerdo debería estar denotando el escenario real de los comunicados de ETA, donde quiera que se encuentre tal cosa, que sólo conozco por intermediarios fotográficos. Y no este otro escenario que tengo figuradamente, que tienes figuradamente, lector, ante los ojos. Falso de toda falsedad, simulacro declarado, pero, al menos, directamente aprehensible, inmediato.
La paradoja del signo icónico es aquí que el objeto que puedo validar en él, su parte significante, resulta expresamente falso. Por el contrario, el objeto que debo validar a través suyo, un referente al que sólo he accedido, insisto, por vía fotográfica, debe, sin embargo, ser considerado como verdadero.
Rubén Díaz de Corcuera.
Súper iconos.
Abril 7, 2011


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada