El número 18 de Ojo de Pez está dedicado al concurso de fotografía que la revista organiza; en este caso el de 2009.
Así, en este post transcribo el, en mi opinión, interesante texto de introducción que hace Frank Kalero (comisario del festival Getxophoto 2010 que comienza esta semana) en la revista y adjunto también una selección que he hecho del trabajo ganador del concurso Días Extraños de Simona Ghizzoni nacida en Reggio Emilia (Italia) en 1977.
Texto de Frank Kalero:
El festival Burning Man de Arizona, una mina de azufre de Java, un cementerio de barcos en Bangladesh, los transexuales, algún asilo con enfermos de Alzheimer, el pueblo saharaui, Palestina, Darfur o Afganistán. Es sólo una muestra de los temas más populares en los concursos de foto documental. Pero eso sólo lo sabe el jurado, no los participantes.
Recuerdo un año en el que Jean-François, inefable director de Visa Pour l’Image, en Perpiñan, bromeaba proponiendo una nueva categoría en su festival, “para el Burning Man de Arizona”, debido a la avalancha constante de trabajos con esa temática.
Por nuestra parte, este año hemos recibido nueve trabajos que retrataban el día a día del pueblo saharaui. Curiosamente, en tres de esos reportajes aparecía retratado el mismo hombre, sentado en la misma silla, a distintas horas del día.
Son flujos globales, que se deben a la contaminación que los medios provocan en las ansias creativas de los fotógrafos. Debido a su reiteración, nos despiertan la consabida fatiga emocional; pero, por otro lado, se hace necesario repetirlos hasta la saciedad, ya que en el momento en que se deja de fotografiar, escribir o filmar, es como si el conflicto cesara.
En zonas de conflicto, hay tres tipos de fotógrafos: los que llegan antes de que éste estalle, y seguramente nunca irían en caso de guerra. Los que llegan cuando el conflicto estalla, alentados por un afán autodestructivo o por un estado depresivo, muchas veces originado por una relación sentimental rota; pero eso da igual mientras hagan buenas fotos, que suele ser el caso.
Y, finalmente, están los que llegan cuando el conflicto ha cesado, cuando ya es seguro pasear por las calles en ruinas y retratar la arquitectura de la miseria. Y este patrón se repite con cualquier otra temática o contexto, antes, durante y después, y si no estás ahí para fotografiarlos, te lo pierdes.
Hoy en día, el safari fotográfico social es el sustituto de aquel viaje a Kenia en los setenta, donde los aguerridos turistas de altos vuelos cambiaron el fusil por la cámara. La versión económica y más ecológica para demostrar que habían estado al lado de la bestia. Ahora todos queremos demostrar que hemos estado cerca del conflicto, arriesgando nuestras vidas. En un afán por ser una estrella del rock de la fotografía, se va a lugares remotos, nos infiltramos en la vida de desconocidos y la desgranamos en imágenes que se van a publicar en medios que los protagonistas nunca llegarán a ver.
El noventa por ciento de lo que se recibe en los concursos son temas marginales, dramáticos; se fotografía a sectores de población de clase baja o inexistente, indefensos ante la sociedad. Nos resulta más sencillo robarle la imagen íntima a un ser marginal que a un miembro de la clase alta. Y uno se ve irremediablemente abocado a tratar esos temas, a veces por puro interés estético.
Este concurso ha sido ecléctico, como todos los demás, cargado de trabajos excepcionales en cuanto a tratamiento, de una estética impecable y de un compromiso claro del fotógrafo con la causa fotografiada. Hemos decidido premiar a un trabajo de los que no se ven, un proyecto que debe hacerse desde dentro, desde la proximidad y, sobre todo, un trabajo que atenta contra la intimidad de esa clase medio burguesa, víctima de enfermedades de nuestro tiempo, como la anorexia.
El trabajo premiado atenta contra la idea que considera que nuestra imagen externa tiene un valor per se, contra el concepto de intimidad judeocristiano o ideas abstractas como la dignidad. No abusa de personas indefensas como el negrito de Darfur muerto de hambre en el suelo, el niño húngaro helado de frío en las cloacas, el menino da rua esnifando cola en la Avenida Paulista, o la niña sonriente en su chabola a los pies de la estación de Bandra en Bombay. Esta vez se retrata el corazón de nuestra sociedad de bienestar, una paradoja fascinante, la casi muerte por inanición en la sociedad de la abundancia por personas que lo tienen todo.
Gracias a todos por haber participado, pero principalmente gracias por seguir gastando vuestro dinero en viajes lejanos, en busca de algo que os haga trascender como seres humanos a través de la fotografía. De esa historia o esa relación con un contexto o una persona que os puede transformar, casi siempre para bien. Y gracias por quererlo compartir con los demás, aunque sólo sea por puro egoísmo (del bueno, como lo entendía Erich Fromm) o vanidad. El resto es circunstancial.
Este próximo fin de semana, más concretamente el viernes 3 de septiembre y el sábado 4, dentro del festival Getxophoto, impartirá un taller que lleva el título de "Si no hago fotos me muero". Allí estaremos.
Extrarradio I
Cicatrices de un paisaje.
El extrarradio de la ciudad ofrece la exacta medida del precio que pagamos por concentrar la satisfacción de nuestras necesidades y de nuestros deseos. En los limites la ciudad se delata; como en una célula esta corteza protege y provee (desigualmente) a quienes habitan su interior; pero a su vez esos mismos limites están habitados por una categoría de seres humanos intersticiales: proveedores, agricultores semi-urbanos, disfrutadores de ocios extraños, desarraigados, diambulantes, policías, descargadores de detritus, limpia-coches...seres que no pueden o no quieren salir del ámbito de atracción de la ciudad y que sin embargo no acaban de estar en ella.Pero son las prostitutas ,esos seres que percibimos fugazmente en nuestros desplazamientos a bordo de seguros automóviles,las que nos muestran de la forma mas cruel las cicatrices de un paisaje donde desaparecen al mismo tiempo la ciudad y el campo; inciertos escenarios que muestran la crueldad de una cultura productiva desmesurada que inventa espacios invivibles y sin embargo habitados.
Por quinto año consecutivo arranca en Vitoria - Gasteiz el festival de fotoperiodismo PERISCOPIO.
Ya está abierto el plazo para participar en el concurso de exposiciones y en la web del certamen irán colgando todas las novedades e información.
Por el momento adelantan como "exposición principal" El oficio de mirar de Cesar Lucas y una selección de los mejores trabajos del certamen internacional dedicado a jóvenes fotoperiodistas Ian Parry.
Desde el próximo 2 de septiembre al 3 de octubre se celebrará en Getxo (Vizcaya) una nueva edición del festival de fotografía Getxophoto.
En su web podéis ver la programación de esta nueva edición a la que han llamado "Elogio del ocio".
A continuación adjunto dos videos promocionales que duran un minuto cada uno de ellos pero que son "brutales". No dejéis de verlos; son buenísimos. Una lección de creatividad a la "enésima potencia".
Tras unas semanas de relax, de desconexión y de llenado de baterías (que falta me hacía); vuelvo a la carga y a escribir en el blog con el objetivo cumplido: tranquilo y desconectado pero con las pilas y las ganas a tope para volver a arrancar con "el curso 2010/2011.
Y qué mejor tema, para abordar aquí en este nuevo arranque del blog, que el dilema que, todos/as a los que nos interesa la fotografía, nos hemos planteado alguna vez: ¿qué tengo que hacer para ser fotógrafo/a?.
Para tratar el asunto he encontrado varias "joyitas" en la red. Cada una de ellas me ha llevado a la otra y finalmente creo que quedará, aunque un poco largo, uno de los mejores artículos que he colgado en este blog (parece que además de volver con las pilas cargadas también he vuelto con la autoestima bastante reforzada). En fin, espero que los que lean este "post" tenga la misma sensación sobre el artículo.
Dado el tamaño del artículo final, para diferenciar entre los textos que son propios de los "copiapegados" de los blogs visitados, escribiré estos últimos en cursiva y azul (sin que sirva de precedente) y por supuesto: exactamente igual que como han sido publicados por cada uno de los autores.
Todo ha empezado encontrando en el blog del gran fotógrafo José Manuel Navia un vídeo con la carta que el fotógrafo chileno Sergio Larraín escribió a su sobrino cuando éste le mostró interés por la fotografía. Tras el video transcribo la carta.
“Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).
El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.
Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.
Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.
Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.
Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.
Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía.”
Del blog de Navia he ido a parar al de Tino Soriano. En él el fotógrafo barcelonés transcribe un mail que escribió a una persona que le hacía la pregunta con la que he titulado este artículo. Este es el correo electrónico de contestación:
Ante todo muchas gracias por confiar en mi criterio a la hora de exponer un tema que, sin duda, te preocupa. No soy ni la señora Francis, ni Carmen de Mairena, ni Francis Tsang pero, si volviera a nacer, miraría de parecerme a éste último. ¿Por qué? Por que es un fotógrafo al que admiro. Mira el “Scapbook” de Tsang y estúdiate el currículo de Cendón: dónde vive y qué fotografía; y verás dos formas de entender este oficio. Tsang hace de todo, y todo lo que hace lo hace bien. Nos conocimos en el año 1992 fotografiando ambos los juegos paralímpicos de Barcelona. Teníamos en común que éramos perfectos desconocidos. Ahora -me dirás- ¿por qué me hablas de fotógrafos reconocidos si lo que yo quiero es vivir de la fotografía y no escuchar batallitas?
Porque, lo más importante para mí, son los referentes. Ni José Manuel Navia, ni Álvaro de Leiva, ni Cristina García Rodero, ni Chema Madoz, ni García Alíx, ni Lucas Abreu, ni Isabel Muñoz, ni Clemente Bernad; ni Sandra Balsells; ni Pep Bonet, ni Gervasio Sánchez, ni Paco Elvira, ni tantos otros grandes fotógrafos/as españoles que admiro y me dejo en el tintero nacieron enseñados. Cada uno ha conseguido vivir de esta profesión con trayectorias muy diferentes. Pero, lo único que cuenta, es que han llegado. Es como en una secuencia gráfica: una vez elegida la foto, los otros disparos sólo fueron escalones para llegar a ella. O, si lo prefieres, piensa en término de espermatozoides. Muchos inician la carrera pero tan sólo uno llega al óvulo. A nosotros nos interesa las tribulaciones del ganador.
¿Y qué más a propósito de Cendón? ¿Sabías que se ha pasado media vida dando tumbos y que en los últimos tres años ha vivido en Rwanda y en Etiopía? ¡No debe haber sido fácil lo suyo!
Entre todos estos nombres que me han sugido en un instante a vuelapluma no se puede establecer ni una comparativa, ni buscar trayectorias en común que desvelen misterios. No hay ningún misterio. No hay conejos, no hay chisteras. Solo mucho entrenamiento -como los ilusionistas- y un afán casi obsesivo de tomar fotografías.
Y, en cuanto a obligaciones, solo un par: imaginación y mucho trabajo. Pero no me refiero a trabajo físico, que sin duda harías con todo el gozo del mundo, si no a planificación, a darle muchas vueltas a las cosas, a esforzarte todos los días para conseguir una personalidad, un estilo, una mirada. Eso es lo que tienen en común los que destacan: personalidad.
Y, mientras tanto ¿de qué vivo? – me preguntarás. Pues, aquí te contaré mi propia experiencia. Yo fui chófer profesional, cobrador de morosos, auxiliar administrativo, profesor de guitarra, técnico de audiovisuales y vendedor de enciclopedias; oficios que combiné con sendos primeros cursos de derecho, medicina y magisterio. Finalmente parecía que la enseñanza sería mi trabajo definitivo, pero cuando estaba a punto de acabar la carrera, descubrí que la fotografía, para mí, era un equivalente. Lo que pasa es que cambias continuamente de asignatura (los temas) y de alumnos (los lectores). Pero, en el fondo, explicas el mundo a tu auditorio, que es lo que hacen los buenos profesores.
Para ser fotógrafo trabajé haciendo cualquier cosa de lunes a viernes. Los sábados y los domingos los dedicaba a tomar las fotografías que yo quería. Construía a Tino Soriano. Así surgió, por ejemplo “Banyoles”. En mis vacaciones producía temas "comerciales" de viajes para venderlos a las revistas… no sé cómo percibirás eso que te cuento, pero la clave detrás de todo ello es “trabajo”. Y, cuando alguien trabaja de esa manera y en ese oficio durante años, a veces se le añade otra: “divorcio”. No ha sido éste mi caso, pero sí que es frecuente. Tus relaciones familiares puede que queden bajo cero con tanto frenesí.
¡Ah! Y, por último, lee muchos libros escritos por personas relacionadas con el mundo de la fotografía y devora todas las biografías que puedas; sin olvidar lo importante que es en este trabajo tener una excelente cultura general, saber escribir cuatro líneas seguidas con un mínimo sentido, conducir bien, hablar idiomas y ser un excelente viajero solitario. En el fondo, todos los oficios que desempeñé antes de ser fotógrafo me han servido para mi trabajo actual. Esa ha sido mi fórmula, muy lejana, por ejemplo, a la de García Alix.
Acabo, para complementar todo lo dicho, con el testimonio de Howard Chapnick, editor de la agencia Black Star y descubridor de talentos fotográficos como Christ Morris, David y Peter Turnley, John Lanois, Dona Ferrato, James Balog o James A. Sugar. En su libro "Truth needs no ally" habla sobre los sacrificios que le aguardan a los aspirantes a fotoperiodista: "Considérelo cuidadosamente y reflexione sobre la realidad. Tiene que saber más y trabajar más duramente para aprender menos que en otras muchas profesiones que se le ocurran.
A menudo trabajará bajo fuertes presiones para cumplir con el encargo, bajo fuertes privaciones personales: dormir lo mínimo, que pasen quince horas entre comidas, y dos días hasta ver una cama. Necesita el empuje de un caballo de tiro para moverse aguantando todo el peso del equipo encima; cantidad de recursos, ingenuidad, y adaptabilidad para resolver encargos que supongan un esfuerzo logístico; y la inventiva y habilidad necesaria para improvisar cómo capturar las fotografías que expliquen la historia.
Tiene que aprender a disfrutar por sí mismo en caso de tener que vérselas durante interminables horas rodeado por extranjeros en lugares remotos. Compromiso, compasión, e intensidad son absolutamente pre-requisitos. Además tiene que creer en la importancia de lo que hace, en cómo afecta a su comunidad y al mundo. Como Don Quijote, ayuda a soñar en sueños imposibles de realizar".
Otra alternativa quizás más fácil sería recomendarte un braguetazo; pero no sé si eso funciona. Yo tengo la convicción que para ser un buen fotógrafo tienes que ser una persona feliz y –todavía más difícil- una buena persona. Por lo menos esa es una buena mirada para ver el mundo. Lo que no significa que vayas de tonto.
En mi web, dentro del apartado “Editorial/Encargos” he inaugurado un blog en el que, cuando tengo tiempo, transcribo mis impresiones profesionales de algunos reportajes cotidianos. Si le echas una ojeada también percibirás en ello el día a día de la profesión.
Finalmente, y a modo de conclusión, he llegado a otro interesante blog que trataba el asunto: "Ver para creer". Su creador, Alberto Alonso, con el título "A vueltas con la carta de Sergio Larrain" escribe lo siguiente:
En el anterior post os transcribí la carta que escribió Sergio Larrain a su sobrino con una serie de consejos para comenzar a moverse en este dichoso y complejo mundo de la fotografía. Hoy me gustaría hacer algunas reflexiones al respecto. De todas formas, antes de empezar, os recomiendo la lectura de una entrada del blog de Tino Soriano donde habla del mismo tema. Comencemos por el principio, la cámara. Larrain aconseja una máquina “que a uno le guste (…) porque se trata de estar contento con el cuerpo (…) lo indispensable y nada más”. Es esta época en la que cierto complejo fálico nos arrastra a desear tenerla cada vez más larga y más gorda, este consejo me parece imprescindible, de esos que han de ser subrayados dos o tres veces con tinta roja. Hace poco me reprochaba un amigo que, mucha simplicidad y mucha gaita, pero el que no “calza” una reflex full frame con objetivos de a 1500 euros, luce una Leica M9. Siguiendo los consejos del Sr. Larrain, que hago míos, creo que lo realmente importante es ser consciente de en qué se va a invertir el dinero (ya sé que decir esto en la era del hiperconsumo es ser sacrílego, pero es lo que hay). Un gran angular moderado y un buen cuerpo son las herramientas más habituales para este tipo de trabajo. A partir de este punto, concentra todo tu esfuerzo en encontrar un equipo, el mejor que puedas, que se adapte a estas necesidades mínimas.
Veamos un par de ejemplos. Esta primera foto está “robada” del foro canonistas:
Fotógrafo con complejo fálico - (c) UltraHayata
Este otro, sin embargo, es David Alan Harvey (una de las personas que se sentará a la diestra del Señor el día del juicio final):
David Alan Harvey trabajando
¿Algún comentario extra?… como se puede apreciar no hace falta. La calidez humana de la obra de David Alan Harvey, la cercanía psicológica que “rezuma” de sus instantáneas, SÓLO pueden ser capturadas sin disfraces, sin máscaras de por medio, presentándonos como lo que somos, cuanto más desnudos mejor.
En cuanto al consejo de Larrain sobre las ampliadoras, yo utilicé durante años la famosa LEITZ (sigue guardada en el desván) y se trata de una joya de difícil superación. Pero en la era digital yo traduciría este consejo a bits y megabits, resumiéndolo en que con un buen programa de procesado digital (sin más florituras, HDR ni alquimias digitales) es más que suficiente… como dicen por esta parte del mundo, donde no hay mata, no hay patata (donde no hay foto, por mucha vela que le coloques a la patrona de los histogramas, poco vas a conseguir).
Yo tengo un truco que os aseguro que funciona. Cada vez que me viene ese amigo aficionado novel (todos tenemos unos cuantos) y me pregunta eso de: “Ahora que tengo un dinerito ahorrado, ¿qué objetivo me compro?”, le respondo “cógete ese dinero, acércate a una buena librería, y gástate buena parte en comprar libros de autores… el resto, móntate una cena con tu pareja y verás como sales ganando”.
Sin más, en otro momento seguiremos reflexionando sobre la carta.
Con Alberto García-Alix que no sé qué me gusta más: si ver sus fotografías o escuchar sus palabras. En esta serie de vídeos de "La Fábrica" lo entenderéis.
Debajo de cada vídeo adjunto el link de Youtube para que se pueda ver completamente. Ya que no sé porqué al incluirlos en blogger se corta la imagen.