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El extrarradio de la ciudad ofrece la exacta medida del precio que pagamos por concentrar la satisfacción de nuestras necesidades y de nuestros deseos. En los limites la ciudad se delata; como en una célula esta corteza protege y provee (desigualmente) a quienes habitan su interior; pero a su vez esos mismos limites están habitados por una categoría de seres humanos intersticiales: proveedores, agricultores semi-urbanos, disfrutadores de ocios extraños, desarraigados, diambulantes, policías, descargadores de detritus, limpia-coches...seres que no pueden o no quieren salir del ámbito de atracción de la ciudad y que sin embargo no acaban de estar en ella.Pero son las prostitutas ,esos seres que percibimos fugazmente en nuestros desplazamientos a bordo de seguros automóviles,las que nos muestran de la forma mas cruel las cicatrices de un paisaje donde desaparecen al mismo tiempo la ciudad y el campo; inciertos escenarios que muestran la crueldad de una cultura productiva desmesurada que inventa espacios invivibles y sin embargo habitados.
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