Son Ana Zaragoza (fotógrafa) y Elena Sarmiento (periodista) dos lenguajes encontrados para dar vida a historias mínimas.
Las fotografías de Ana se enriquecen con los textos de Elena y viceversa. Su universo común habla de la vida, de esa de todos los días.
- Web del programa.
Su cuerpo delgado comenzó a temblar cuando subió al avión y no dejó de hacerlo
hasta que pudo intuir su robusta silueta al otro lado del control de pasaportes,
tras el cristal, esperándola con su sonrisa franca y sus ojos sinceros. Se
besaron, se abrazaron, se olieron, se volvieron a besar. Y, durante un instante
eterno, se tocaron todo. La cabeza, los hombros, los brazos, como ciegos que reconocen
al otro mediante el tacto, como dos locos incrédulos en medio del pequeño
aeropuerto de Timisoara. Nieva fuera.
El tranvía que cruza la ciudad, lento y ruidoso, les conduce hasta el hotel.
Ajenos al frío y al bullicio, refugiados en la esquina de un viejo vagón, Alba y
Vicente comparten, entre susurros de bufanda y caricias de guante blanco, un café
espumoso y un muffin de chocolate. Se les escapa una risa tonta.
Ya en la habitación, sin abrigos, sin maletas, sin frío, sin ruido, se comen a
besos, se desnudan, se descosen las costuras y se hablan bajito, muy bajito, casi
enano. Hasta que se quedan dormidos con los cuerpos confundidos entre sábanas
deshechas, sudor y piel. Se les escapa un suspiro corto.
La mañana se teje entre las ranuras de la vieja persiana. Alba se despierta. En
el baño, la luz le parece como de algodón. Se estremece: aún conserva su última
caricia. Sobre su piel desnuda, sus manos mojadas; sobre sus labios dormidos, su
aliento; sobre sus ojos cansados, la noche; el deseo, sobre todo ello. Vuelve a
la habitación, cálida y oscura, y se acurruca entre los brazos de Vicente, que
aún duerme. Está feliz. Hoy el día se presenta suave. Y fuera, sigue nevando.
Texto: Días Suaves, por E.Sarmiento
Fotografía: Días Suaves, por Ana Zaragoza


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